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miércoles, 29 de diciembre de 2010

ZAMÁN, EL HOMBRE DE LOS JUNCOS (Zaman, l’homme de roseaux, 2003) de Amer Alwan.


Entrelazando docudrama, crítica social y fábula, Zamán, el hombre de los juncos narra una historia entrañable, tan autóctona como universal. Con sencillez cinematográfica, el debutante franco-iraquí Amer Alwan supo filmar esta búsqueda de sabiduría y bondad, este cántico a la vida y la naturaleza, en las maltratadas y sentidas tierras de Irak. Fue la primera película rodada allí en 30 años, obviándose la censura con el rodaje en formato digital. El contexto prebélico, días antes a la invasión norteamericana, queda constatado en voice over, mediante los comentarios de una emisora de radio.

La trama se abre y se cierra, circularmente, en un aislado poblado de una zona virgen y pantanosa del sur, con claras reminiscencias al Paraíso Perdido. En una humilde choza, rodeado de un maravilloso vergel y ajeno a toda evolución –o involución, según se mire- tecnológica y científica, vive un hombre bueno y sabio: el anciano Zamán (encarnado con total cercanía y afecto por Sami Kaftan). Sus costumbres ancestrales y honda religiosidad musulmana, las comparte con su hijo adoptivo, Yasin, huérfano durante la guerra contra Irán y en estado de mutismo. Cuando su amada esposa enferma, Zamán partirá, voluntariamente solo, en un fatigoso viaje por el río Tigris, hasta la lejana ciudad de Bagdad, en busca de medicinas…

La estética documentalista que rodea las líricas imágenes del vetusto entorno rural, otorga un interés etnológico al film. Y a la vez, cuando deambulamos por el ajetreo presente de la gran urbe, durante la dictadura de Sadam Hussein –reflejada en ególatras imágenes en la televisión local y en murales por las calles, a lo Gran Hermano de George Orwell-, la película adquiere un evidente valor sociológico e histórico. Zamán será “nuestros” ojos y “nuestro” guía, acompasado con silencio, meditación y una enorme paciencia, queriendo-comprender este contexto profanado por el Hombre.

Este bucólico cuento, lejos de radicalizar la turbia realidad, lanza un mensaje fraterno y humanizante, como en su día hiciera la obra maestra de Akira Kurosawa, Dersu Uzala, el cazador (1975). Incita a desarrollar nuestros pensamientos positivos y el espíritu de lucha, frente a un mar de injusticia: desde el embargo económico a la insolidaridad colectiva (que no individual). Hay excepciones como la generosa y valiente actitud de la enfermera, ajena a la corrupción burocrática; o la ayuda del imán ante la carencia de papeles en regla.

No estamos ante un título creativo, pero sí honesto y depurado de virtuosismo formal, una rara avis entre tanto cine-espectáculo sin nada que contar o expresar. La bellísima y emotiva lección vital, transmitida y aprehendida, es lo que verdaderamente importa al director. El relato intergeneracional de la palmera que cuenta Zamán a Yasin, para darle fe y esperanza, tornará a él en boca del pequeño, en un inolvidable y agridulce momento de la película.

Las mil y una trabas para hacer ver la luz a este proyecto merecieron la pena: parte de  la producción filmada fue robada, y por otro lado, varias secuencias del rodaje tuvieron  que hacerse con cámara oculta (en el interior de la mezquita o en el mercado). Por lo que el breve montaje final quedó notoriamente quebrado e imperfecto. Sin duda, la cruel Guerra de Irak, comandada por el igualmente dictatorial George W. Bush en pleno siglo XXI, es la antítesis de los valores espirituales de Zamán, el hombre de los juncos.

Inédita en España
Sección Zabaltegi – Premio SIGNIS - Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2003.

Nacionalidad: Irak-Francia. Actores: Sami Kaftan, Shada Salim, Saadiya Al-Zaydi, Hussein Imad, Nizar Al-Samarayi. Duración: 76 minutos.

lunes, 27 de diciembre de 2010

NÓMADAS DEL VIENTO (Le peuple migrateur, 2002) de Jacques Perrin, Michel Debats y Jacques Cluzaud.


Excelente película-documental sobre la migración de las aves, que supone un incomparable canto a la vida y la naturaleza. El francés Jacques Perrin (popular actor por sus papeles en Cinema Paradiso o Los chicos del coro) estuvo casi cuatro años al frente de este complicadísimo rodaje, junto a diversos equipos distribuidos por todo el mundo, para acercarnos minuciosamente –sobre todo, a través de magistrales planos en que observamos la Tierra a vista de pájaro– a numerosas especies y su ciclo migratorio anual. La soberbia fotografía (participaron hasta 15 directores de fotografía diferentes) y la música de corte New Age, del gran Bruno Coulais, con melódicas canciones de Robert Wyatt y Nick Cave, ayudan a hipnotizarnos ante tanta belleza cautivadora.

No es un documental aleccionador mediante la saturación de datos científicos, sino todo lo contrario. El propio Perrin es el narrador, pero su voz se escucha rara vez, al comienzo, parte intermedia y final, para emitir algún lacónico mensaje puramente lírico. Cada cual, según el interés ecológico y humano ante lo contemplado, podrá indagar después en enciclopedias detalles precisos sobre el Reino Animal. Nómadas del viento juega y hace disfrutar con la imaginación y la percepción visual. Lo importante es dejarse llevar por la fascinación poética, objetivo del film, para dar paso a la posterior reflexión y concienciación ecológica.

En mi opinión, es una gran película épica de aventuras “basada en hechos reales”, que parte de un hilo conductor: un hermoso y pacífico lago con un niño, donde vive un grupo de patos salvajes, al que volveremos circularmente, tras haber recorrido con estos amigos alados decenas de anécdotas vitales. Entremedio de esta “air movie” nos topamos con otras especies, a cual más curiosa y exótica, con sus respectivos incidentes. Y también con el Hombre. A veces, anónimamente amigable –como esa señora que en la misma época y lugar alimenta a los fatigados protagonistas– y otras veces, una verdadera amenaza por la polución industrial, los desastres naturales causados por el petróleo y las armas de fuego de los cazadores furtivos, sus mayores enemigos.

 La extinción de los más débiles, pura superviviencia, dejará un rastro de desolación en el grupo. En este sentido, hay sentimientos y momentos de tragedia. Sin embargo, el drama vital de la muerte, junto al melodrama familiar y sus altibajos, también dará paso a la comedia, con gags muy divertidos. Hay, a su vez, momentos románticos, con grandes duelos por la misma damisela. Y en otras ocasiones, los hábitats naturales nos inducen a creer-estar-viendo un western por los parajes del Death Valley, donde John Ford situaba a sus corceles y legendarios cowboys.

Otras veces, elementos mecánicos y metálicos del camino, sumados a extravagantes plumajes y deslumbrantes aves, nos llevan a pensar en “otro mundo”, en una fantasía de ciencia-ficción. También vemos carreras de pájaros sobre el agua, que recuerdan a Carros de fuego (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981). Otras secuencias nos llevan a percibir un film de acción o bélico, con cientos de aves estrellándose cual kamikazes contra las aguas. Hay celos, pasión, amor, solidaridad… Incluso coreografías propias de un coqueto musical, con elegancia y glamour.

Nómadas del viento contiene intrínsicamente, por tanto, todos los géneros cinematográficos, de un modo improvisado y mágico; significativo documento de que la realidad supera siempre a la ficción. Una obra maestra en su especie: apasionante, delicada y sublime.





Nominada a los Premios Oscar 2003 a la Mejor Película Documental.
Nacionalidad: Francia-España-Italia-Alemania-Suiza. Duración: 92 minutos.